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Cómo preparar el té verde para que no amargue

como preparar té verde

¿Cómo describirías el sabor del té verde? Si la primera palabra que te ha venido a la cabeza es “amargo”, probablemente no estés preparándolo bien.

El verde es un té delicado, muy expuesto durante su preparación a factores como la temperatura del agua y el tiempo de infusión. Un punto de amargor es normal en un té, especialmente si es verde, y resulta refrescante y agradable. 

Sin embargo, si se sobrepone y oculta el resto de sabores,te estarás perdiendo un sinfín de matices y la auténtica experiencia de disfrutar de un té verde. 

El verdadero sabor del té verde

La familia de los tés verdes, com la de los blancos, se caracteriza por su sabores delicados, frescos y sutiles. Suelen producir infusiones de cuerpos ligeros, y son comunes los aromas herbales o florales. 

Existen decenas de variedades de tés verdes, cosa que da lugar a una gran riqueza de matices. Los producidos en China, por ejemplo, suelen aportar sabores tostados y terrosos. Los tés verdes japoneses, por el contrario, suelen destacar por sus notas vegetales.

Por qué amarga el té verde: la química del sabor

El sabor amargo del té tiene unos responsables claros: los taninos. 

Puedes encontrar estos compuestos químicos en multitud de alimentos de origen vegetal como las uvas, las granadas, moras, garbanzos, lentejas. Los taninos otorgan a los alimentos sabores amargos y texturas astringentes que las plantas usan como un mecanismo de defensa para evitar que los herbívoros las consuman.

Los taninos influyen en algunas de las propiedades del té verde para la salud. Se están estudiando sus propiedades antibacterianas, sus efectos antioxidantes y su capacidad para modificar la microflora intestinal y eliminar agentes patógenos.

Como en tantas otras cosas, la clave está en la medida. Una concentración excesiva de taninos hará que un alimento se convierta en imposible para nuestro paladar, pero, en la medida correcta, no provocan ningún sabor desagradable. Las frutas, por ejemplo, disminuyen su concentración de taninos en madurar. Una manzana verde te resultará incomible, pero madura te resultará deliciosa.

Las hojas de té contienen, de forma natural, taninos. Estos son solubles, así que pasan al agua durante el proceso de infusión.

Hay dos factores que son determinantes para explicar la concentración de taninos de tu taza. Por una parte, la temperatura del agua; por otra, el tiempo de infusión. Veámos como preparar té verde sin que los taninos lo estropeen.

Cómo preparar tu té verde para que no sepa amargo

Tipos de agua

El agua es el ingrediente principal de tu infusión, así que prestar atención a su calidad no es ninguna tontería, ¿no te parece?. Las aguas duras (con una concentración elevada de minerales) no son recomendables para hacer té ya que su gusto “ensucia” los sabores naturales.

Te recomendamos usar agua que no aporte ningún sabor ni aroma adicional al té. El agua del grifo siempre es una solución más ecológica que la embotellada. Si la de tu zona es demasiado dura, puedes usar un descalcificador. Si hay algún otro factor que pueda influir en tu infusión, la salinidad, por ejemplo, usa simplemente agua embotellada.

Elige una buena calidad

Un factor habitual en el mundo del té para medir la calidad es el grado de entereza de las hojas que lo componen. De este modo, los tés de mayor calidad se componen de hojas más enteras y los de menos, de elementos más dañados como trozos de hoja, tallos e incluso polvo.

El grado de entereza de la hoja hace que los sabores del té se desarrollen de diferente forma. Las hojas troceadas desarrollarán sabores amargos más rápidamente que las hojas íntegras.

Si usas bolsitas de té es especialmente importante que te fijes en los tiempos de infusión recomendados, ya que estas suelen acumular hojas más rotas y de menor calidad.

No uses agua demasiado caliente

La temperatura del agua es un punto fundamental para que tu té verde salga delicioso. Si usas agua demasiado caliente, aumentarás la presencia de taninos y provocarás un sabor amargo. 

El té verde suele requerir agua entre los 70ºC y 80ºC. Tampoco debes ser demasiado precavida, si usas agua demasiado fría los sabores del té no se desarrollarán correctamente. Si eres una auténtica freak del té, existen hervidores de agua que llevan incorporado un termómetro para elegir la temperatura. Si no, siempre puedes llevar el agua a la ebullición y dejarla enfriar unos minutos.

Buenos acompañantes para un té verde

Si sabes cómo preparar el té verde correctamente, reducirás su presencia, pero recuerda que el amargo forma parte de la paleta de sabores que encontrarás en tu taza de té. 

Si a pesar de reducir su aparición cuando lo prepares, sigue siendo demasiado para tu paladar, puedes balancearlo añadiendo ingredientes adicionales que lo compensen u oculten. Te damos unos cuantos ejemplos.

te verde en una taza

Frutas

El sabor ácido del limón, que puedes poner en rodajas o en zumo, puede ayudar a contrarrestar el sabor amargo. También puedes usar frutas más dulces, como los melocotones o las manzanas, para compensar en mayor grado el amargor.

Flores

Si el té verde resulta todavía demasiado amargo para ti, puedes optar por alguna mezcla. Combinaciones como el té verde con jazmín o el té verde con menta son fáciles de encontrar y resultan deliciosas y menos amargas.

Hielo

El té verde es excelente para tomar frío. Recuerda que la temperatura influye en la forma en la que percibimos los sabores, el frío reducirá los aromas de tu taza de té, pero también su amargor. 

Edulcorantes

El dulce puede ser tu mayor ayuda para controlar el sabor amargo y, de paso, reducir la astringencia de tu taza de té. Puedes usar cualquier edulcorante: miel, estevia, azúcar, panela... 

Prepara tu taza

¿Lista para empezar? Esperamos que todos estos consejos te sirvan cuando prepares tu próxima tetera de té verde. 

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