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Las 3 claves para preparar té blanco

como preparar té blanco

Preparar té consiste, básicamente, en calentar agua y verterla sobre unas pocas hojas, ¿no? La verdad es que algo tan aparentemente sencillo tiene más miga de la que puedas suponer.

El té, en general, es un material delicado y es realmente fácil estropear una infusión simplemente por descuidarse en el tiempo de reposo o pasarse con la temperatura del agua. Los tés con sabores intensos, como los negros, soportan mejor estos errores en la preparación y los disimulan mejor.

Sin embargo, cuando hablamos de preparar té blanco, es realmente importante prestar atención. El té blanco se caracteriza por un sabor suave y delicado, que pondrá en relevancia cualquier sabor extraño que una preparación poco meticulosa haya desarrollado.

Por otro lado, un factor menos agradable que caracteriza al té blanco de buena calidad es un precio elevado. Resulta una pena arruinarlo por no prestar atención a su preparación. Acompañanos a descubrir cómo preparar té blanco como un profesional del té.

Lo básico sobre el té blanco

La familia de los tés blancos destaca por sus sabores delicados y sofisticados.

En los últimos tiempos el té blanco se ha popularizado no solo por su sabor sino también por sus beneficios para la salud. Como ocurre a menudo en estas situaciones, la codicia y pocos escrúpulos de algunas marcas han provocado que se desvirtúe el concepto de té blanco y se engañe al consumidor comercializando como té blanco preparados y mezclas que, realmente, poco tienen que ver con lo verdadero.

El té blanco se produce a partir de una única y selecta materia prima: brotes tiernos de variedades concretas de la planta de té (Camellia sinensis). Una teoría sobre el por qué de su nombre lo relaciona a los pequeños pelos vegetales blanquecinos con los que están recubiertos estos brotes selectos. El té blanco es de los más caros y es fácil entender por qué.

Las hojas para preparar té blanco se cosechan poco después de que hayan brotado. La recolección es un proceso manual y muy laborioso. Además, el tiempo es crucial, de modo que toda la cosecha debe realizarse en pocos días.

Después, y a diferencia de otros tés, las hojas se secan al sol. Esto supone que los tés blancos son los menos procesados de todos los tipos de tés. Este método logra tés de sabores ligeros, afrutados y dulces. En la parte relativa a sus propiedades, esta elaboración simple y nada agresiva consigue que se conserven muchos de los elementos beneficiosos de las hojas de té como los antioxidantes. Un ejemplo de las numerosas propiedades beneficiosas del té blanco son los antioxidantes, el contenido de estos en el té blanco supera incluso el del té verde.

Variedades famosas de té blanco

Puedes escoger entres unas cuantas variedades de té blanco. Su preparación es similar, aunque cada variedad puede requerir matices.

  • Aguja plateada: el té blanco por antonomasia. Te sorprenderá el tamaño de sus brotes, que son lo único que se usa en la elaboración de este té. De sabor delicado y aroma floral. Tienes que probarlo.
  • Peonía blanca: de sabor más potente y redondo que la mayoría de tés blancos. Gran calidad y bastante más económico que el Aguja Plateada. Una gran elección.
  • Gong mei: elaborado después de seleccionar las hojas para los dos anteriores tés. De sabor afrutado, que puede recordar al té oolong.
  • Shou mei: similar al anterior. El Shou Mei suele ser más suave.
  • Blanco de Darjeeling: producido en la India. Con un suave matiz a moscatel y frutos secos.
  • Blanco de Ceilán: un té poco habitual, selecto y caro. Este té blanco tiene un sabor sutil y con reminiscencias a frutas.
  • Blanco de Malawi: producido en África y de una forma muy peculiar. Este té destaca por sus aromas florales y una suave dulzura.
tetera te blanco

Cómo preparar té blanco

Clave 1: el agua

El agua, inevitablemente, supone la base fundamental para conseguir un buen té. En este caso, estás preparando una infusión extremadamente delicada; si el agua aporta algún matiz de sabor, estropeará el resultado.

Para ser prudentes, te aconsejamos evitar usar agua del grifo. Créenos, el sabor a cloro combina fatal con el té blanco. Usa mejor agua embotellada o, en definitiva, agua que no añada ningún tipo de sabor que se pueda imponer al del té.

En el caso del té blanco, no es aconsejable usar agua hirviendo. Una excesiva temperatura influirá negativamente en cómo la infusión desarrolla su sabor y acentuará su amargor. Calienta el agua sólo hasta los 80º C.

Clave 2: las medidas

Las hojas secas de té blanco son grandes, cosa que dificulta su medición mediante las clásicas cucharadas.

Usa 2 cucharaditas por cada taza de 200 ml de agua, o alrededor de 2 gramos de hojas de té,  puede ser un buen punto de partida. No todos los tés blancos son iguales, así que deberás adaptar esta base al tipo de té concreto que estés preparando. Siempre es posible y conveniente buscar instrucciones específicas en el embalaje o, en su defecto, en Internet.

También es cierto que no todos los paladares son iguales y que, al fin y al cabo, las instrucciones tienen como objetivo preparar el mejor té posible para ti. Si te gustan los sabores más intensos, puedes adaptar la preparación. En estos casos, es un error habitual aumentar el tiempo de infusión, del que hablaremos después. En vez de esto, es mejor , sencillamente, poner más cantidad de té.

Clave 3: el tiempo

Vierte el agua sobre el té y déjalo reposar, la temperatura del agua y el tiempo son los factores clave que harán que la infusión desarrolle todo su potencial de sabores.

Para preparar té blanco, los tiempos de infusión suelen oscilar entre los 3 y los 8 minutos. De nuevo en este caso, lo mejor es adaptarse al tiempo concreto que el productor sugiere para la variedad de té blanco.

No hay problema en que vayas probando el té mientras reposa. Espera al menos 3 minutos y cátalo cada poco tiempo. Es un ejercicio muy interesante que te recomendamos para apreciar todos los matices de cómo evoluciona la infusión.

Truco Pro: las tazas

Una cosa que hacen los chinos antes de beber té es calentar las tazas. Esto asegura que el té mantiene la temperatura.

Para hacerlo, es habitual echar un poco de agua hirviendo en las tazas, remover y desechar. Inmediatamente después, servir el té.

Saborea la delicadeza del té blanco

¿Lo tienes todo claro? ¿Estás lista para preparar tu té blanco con fundamento? Esperamos que sí. Disfruta de la complejidad y la suavidad de tu próxima taza de té blanco.

Sara Daroca
Sara Daroca

Apasionada por los temas relacionados con la gastronomía y la salud. Me encanta la montaña, correr, la vida activa y mis gatos.

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