El té negro en Japón, la tierra de los tés verdes

Japón es un país famoso por sus infusiones, principalmente por el té verde pero ¿sabías que produce también té negro? El té negro japonés es menos famoso que las variedades indias y chinas; sin embargo, es igual de sabroso y reconfortante.

El país del sol naciente es un gran productor de té. Si bien la mayor cantidad de su producción de hojas de té se destina al té verde, una pequeña porción se usa para crear un té negro con toques distintivos que bien merece la pena probar.

La historia del té en Japón

Cuenta la leyenda que el té llegó a Japón en el siglo VIII d.C. de la mano de los monjes budistas que habían estudiado previamente en China. Así, a lo largo de su peregrinaje, comenzaron a dar a conocer el té y sus beneficios para la salud.

Recordemos que el té se usa desde tiempos inmemoriales para tratar toda clase de afecciones de la salud como indigestiones, náuseas, dolores musculares, constipación y diarrea, e, incluso, para mejorar la respuesta inmunológica.

Con el correr de los años, el consumo de té se extendió a lo largo de toda la isla y, desde el gobierno, se impulsó la plantación de la planta del té, la Camellia sinensis, para elaborar, principalmente, té verde.

Así, los japoneses terminaron adoptando el té como parte no solo de su cotidianidad sino, también, como parte de su cultura. El té pasó, entonces, a ser mucho más que una bebida para prevenir o curar enfermedades: se transformó en una forma de compartir, de dar la bienvenida y de mostrar respeto hacia el otro.

Ahora bien ¿cuándo comenzó a producirse té negro en Japón? La historia indica que hace, tan solo, unos 150 años. Durante la dinastía Meiji, Japón abrió sus fronteras y se unió al comercio internacional. De esa forma, nació la necesidad de comerciar un producto que se mantuviese en buenas condiciones por largos períodos de tiempo. ¿Sabes a qué nos referimos? Pues sí: al té negro.

Tada Motokichi fue el enviado del gobierno para estudiar las técnicas de producción de té en China e India. Tras años de observación, volvió a tierras japonesas con el conocimiento necesario adquirido en Assam y Darjeeling, y con semillas, para iniciar las plantaciones en el país.

Este estudioso del té plantó muchas de esas semillas en Mariko, actualmente Shizuoka, donde aún en la actualidad es posible encontrar plantas de té de la variedad de Assam, características de la India.

Japón empezó, poco a poco, a producir té negro para exportar a Occidente, principalmente a países como Estados Unidos. No obstante, sus primeros intentos se vieron frustrados ya que sus producciones no alcanzaban la misma calidad que las de otros países.

Merece la pena remarcar que cada vez que por algún motivo la producción india se vio afectada, las exportaciones japonesas sufrieron un notable crecimiento. Tras la segunda guerra mundial, el gobierno japonés volvió a apostar por el té negro al considerar que sería más fácil de vender internacionalmente debido a su mayor durabilidad y al gusto de Occidente.

Tras una significativa bajada de la exportación de té negro japonés, en los años 90, la idea de volver a exportar esta variedad se hace patente frente a las caídas de las ventas de té verde.

Nuevamente, el gobierno vuelve a fomentar la producción y, de a poco, la calidad comienza a mejorar. Por empezar, los productores de té comienzan a dedicar plantaciones separadas para esta variedad y aparecen competencias que exacerban el interés por las mejoras de sabor, aroma y color. Hoy en día, Japón es un pequeño exportador mundial de té.

saco con hojas de té

Las zonas del té en Japón

La planta del té se siembra y cosecha a lo largo y ancho de todo el territorio; por lo tanto, al hablar de las regiones de producciones casi se hace mención a todas las regiones de Japón:

Y entonces ¿dónde se produce el té negro? Lo cierto es que la cosecha es tan poco representativa que no se diferencia específicamente una región de producción pero cada vez son más los productores que optan por preparar y ofrecer al mercado, también, té negro, como por ejemplo en la Isla Yakushima.

Producción del té negro japonés

Una vez recolectadas, las hojas de Camellia sinensis se someten a un proceso de oxidación natural en el cual se deja que se marchiten durante alrededor de 17-18 horas.

Finalizado este proceso, las hojas se enrollan a temperatura ambiente con una máquina de laminación. Esta maquinaria rompe ligeramente las hojas, además de otorgarles la clásica apariencia enrollada de las hojas de té.

Finalmente, tras el enrollado, se inicia el secado que permitirá que las hojas se conserven durante largo tiempo. Sin el proceso de secado, sería imposible que las hojas conservasen sus beneficios, su aroma, su sabor y su color.

El sabor del té negro japonés

El té negro japonés recibe el nombre de Wakoucha, Koucha o Kocha. En realidad, todas estas denominaciones significarían algo así como «té rojo», si lo tradujésemos al español. Es decir que lo que para nosotros es té negro, en Japón se llamaría té rojo.

En general, el té negro japonés muestra una baja astringencia y marida muy bien con dulces. El té negro japonés es realmente dulce y agradable al paladar y a la nariz. Se trata de una infusión noble y ligera.

Para prepararlo correctamente, debes infusionar 2 gramos de té negro por cada taza de agua y dejar reposar entre 2 y 3 minutos. ¿Lo mejor? Las hojas pueden volver a utilizarse hasta 3 veces.

Si no has probado aún el té negro japonés, te invitamos a hacerlo. Te sorprenderá su diferencia de color, cuerpo, aroma y sabor con respecto a los tés negros que estamos más acostumbrados a beber. ¡Anímate a descubrirlo!

Antonella Grandinetti
Antonella Grandinetti

Redactora creativa todoterreno y mamá por tres. Disfruto leyendo y escribiendo desde artículos hasta novelas. Me apasiona viajar y pasar tiempo soñando despierta con mis peques. Amante del mate y el té.

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